TOSTÓN STUDIO

(+34) 692 940 367
hola@toston.studio
Instagram


Este es mi cuaderno. Un espacio donde comparto reflexiones, descubrimientos y observaciones sobre diseño, tendencias y cultura visual. Cada artículo es un fragmento de pensamiento suelto: léelo, salta, o vuelve después.

Soy Judit, de Tostón Studio. Me interesan las tendencias de comportamiento, el posmodernismo y la sociología, y exploro cómo todo ello confluye y se refleja en mi trabajo y en la creación de marcas.



HOME
CUADERNO UN APUNTE SOBRE LA REDUNDANCIA
ATRÁS


UN APUNTE SOBRE LA REDUNDANCIA


¿Por qué algunas marcas no logran conectar?

El otro día, mi padre me contó una historia que lo explica perfecto:

Había un pescador que tenía un kiosko en el mercado del pueblo. Cada mañana colocaba un cartel para atraer compradores. En él se leía: “Se vende pescado”. 

Una mañana se acercó un vecino, muy bien intencionado, y le dijo al pescador que su cartel era innecesario. Así, sin paños tibios. No tenía que especificar que vendía pescado. Ya estaba en un punto de venta, vestido de pescadero y rodeado de pescado. 

El pescador acató, y al día siguiente colocó un cartel nuevo. Esta vez se limitó a pintar la silueta de un pescado. El vecino, que no le iba a dar tregua, volvió a acercarse. ¿De qué servía un dibujo de un pescado, si mucho antes de llegar al kiosko el olor ya lo delataba? 

El cartel no estaba aportando nada nuevo.

El pescador, sin molestarse, lo descolgó y se puso a pensar: Tal vez no tenía que describir su producto, tal vez debía añadir información sobre él.

¿Qué hacía que su pescado fuera especial? Para empezar, lo pescaba junto a su hijo. Tenían un pequeño barquito familiar. Cuando se reunían para pescar, aprovechaban para hablar de sus vidas. Y gracias a eso podían pasar tiempo juntos. 

Pensándolo bien, su negocio hacía tiempo que no era solo vender pescado. 

El pescador entonces vio la luz. 

Escribió “El barco de Juan y Carmelo”, y lo colgó en el kiosko. Al rato empezaron a venir compradores, y algunos hacían preguntas. 

¿Quiénes eran Juan y Carmelo? ¿Cómo era ese barco? ¿Todo el pescado del mostrador había estado allí? 

Se había generado algo nuevo: conexión. 

A la gente le gustaba saber la historia detrás de lo que compraban, y les gustaba formar parte. Gracias a que ellos compraban pescado, un padre podía reunirse con su hijo, ¿acaso no era fantástico? 

Sentían que no solo se llevaban una dorada, sino algo más grande.

En definitiva, la redundancia nos lleva a una comunicación vacía. No nos limitemos a repetir lo obvio. No vendamos solo productos. 

Vendamos historias que la gente quiera llevarse a casa.




©2026 TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS