TOSTÓN STUDIO

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Este es mi cuaderno. Un espacio donde comparto reflexiones, descubrimientos y observaciones sobre diseño, tendencias y cultura visual. Cada artículo es un fragmento de pensamiento suelto: léelo, salta, o vuelve después.

Soy Judit, de Tostón Studio. Me interesan las tendencias de comportamiento, el posmodernismo y la sociología, y exploro cómo todo ello confluye y se refleja en mi trabajo y en la creación de marcas.



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CUADERNO UN APUNTE SOBRE LA CONTRACORRIENTE
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UN APUNTE SOBRE LA CONTRACORRIENTE


Lo que va contra la corriente existe desde siempre, solo que cambia de disfraz según la época.

Desde las vanguardias hasta las tribus urbanas, hay una fascinación persistente por lo raro, lo desobediente, lo incómodo. Porque cuestiona el orden. Y eso molesta, pero espabila.

Ser raro ya no es raro: es casi un deber social.

La rebeldía se vende en cajas de diseño.

Apple la convirtió en religión con su “Think different” en los noventa.

Kanye la hizo marca personal.

Bukowski acabó en póster de dormitorio universitario —el washi tape puede con todo.

El mercado convierte lo incómodo en reclamo. Y la desobediencia, en producto.

Pero ojo, no todo lo que parece desobediencia lo es.

Hay rebeldías que nacen desde el margen, que incomodan porque señalan lo que no funciona.

Y otras que solo disfrazan la desfachatez de pensamiento crítico.

No es lo mismo romper con el orden porque oprime, que hacerlo por egocentrismo barato.

Ir contra la corriente suele implicar tener mirada propia, cierta inteligencia y criterio. Por eso la disidencia es tan atractiva.

El filósofo Lyotard —que no era precisamente el alma de la fiesta— decía que la posmodernidad consiste en poner bajo lupa los grandes relatos: la religión, la ciencia, el progreso, el Hombre con mayúsculas… 

Y apostar por los microrrelatos, lo pequeño, lo subjetivo, lo que no encaja.

Claro que la desobediencia cotiza, pero también se autodelata. Se vuelve performance si no hay verdad detrás.

Si estás construyendo una narrativa de marca y quieres ser reivindicativa, provocadora, desobediente —conceptos muy seductores—, la pregunta no es si ir o no contra la corriente, sino desde dónde y para qué.

¿Desde la inquietud o desde la estrategia?

¿Desde la verdad o desde el simulacro?

Una marca necesita saber su porqué. Porque lo que antes era revolución, hoy muchas veces es simple campaña de marketing.

La disidencia sigue seduciendo, no por lo ruidoso, sino por lo que revela: valentía, deseo de libertad, capacidad de decir “esto no, esto me importa”.

Aunque acabe convertido en producto o tendencia, el gesto radical sigue ahí, recordándonos que otra mirada siempre es posible.




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